Washington D.C. a 27 de marzo, 2026 — Por: Alberto Sánchez Juárez
Washington D.C. – En un movimiento que podría redefinir la estrategia de Estados Unidos contra el crimen organizado transnacional y tensar las relaciones diplomáticas en América Latina, la administración del expresidente Donald Trump, en un escenario futuro hipotético reportado por The New York Times en marzo de 2026, estaría evaluando seriamente la posibilidad de designar a las dos mayores y más violentas pandillas de Brasil, el Primer Comando de la Capital (PCC) y el Comando Vermelho, como grupos terroristas. Esta trascendental consideración no surge de la nada, sino que es el resultado de una intensa campaña de cabildeo por parte de los hijos del expresidente brasileño, Jair Bolsonaro.
La noticia, que ha comenzado a circular en círculos diplomáticos y de seguridad, destaca la particularidad de esta propuesta. Tradicionalmente, Estados Unidos ha reservado la designación de «organización terrorista» para grupos con motivaciones ideológicas o políticas explícitas que buscan derrocar gobiernos o alterar el orden mundial mediante la violencia. La aplicación de este sello a cárteles de la droga, aunque con un historial de brutalidad y desestabilización estatal, representa un cambio significativo en la política exterior y de seguridad estadounidense.
El Poderío de las Megabandas Brasileñas: Más Allá del Narcotráfico
El PCC y el Comando Vermelho no son meras pandillas callejeras; son verdaderas empresas criminales con estructuras jerárquicas, códigos internos y una capacidad operativa que rivaliza con la de algunos estados. El PCC, surgido en las prisiones de São Paulo en los años 90, controla vastas redes de narcotráfico, tráfico de armas, extorsión y secuestro no solo en Brasil, sino con tentáculos que se extienden por Sudamérica, África y Europa. Su influencia es tal que han llegado a paralizar ciudades enteras con sus órdenes desde las cárceles.
El Comando Vermelho, con origen en Río de Janeiro, es su principal rival y opera con una brutalidad similar, controlando favelas enteras y dictando las leyes en sus territorios. Ambas organizaciones son responsables de una escalada de violencia que ha cobrado miles de vidas y ha corroído las instituciones brasileñas, generando un clima de inseguridad crónica para millones de ciudadanos. Su capacidad para infiltrar la policía, la política y el sistema judicial es una preocupación constante para las autoridades brasileñas.
La Presión de los Bolsonaro: Una Alianza Ideológica y Política
La iniciativa de designar a estas bandas como terroristas no es nueva en el discurso de la familia Bolsonaro. Durante su presidencia, Jair Bolsonaro y sus hijos, particularmente Eduardo y Flávio Bolsonaro, abogaron por una política de «mano dura» contra el crimen organizado, a menudo equiparándolo con el terrorismo. Su argumento central es que la violencia y la capacidad de desestabilización de estas organizaciones superan las de muchos grupos designados como terroristas, y que su combate requiere herramientas legales y militares más contundentes.
El cabildeo de los hijos de Bolsonaro en Washington se ha intensificado, aprovechando sus conexiones con figuras conservadoras y lazos históricos con la administración Trump. Para los Bolsonaro, esta designación no solo representa una victoria en su lucha ideológica contra el crimen, sino también una forma de mantener la relevancia política y de proyectar una imagen de liderazgo firme en la región, especialmente tras la derrota de Jair Bolsonaro en las urnas y sus posteriores problemas legales. La afinidad ideológica entre el expresidente Trump y los Bolsonaro ha sido un factor clave para que esta propuesta gane tracción en Washington.
Implicaciones de una Designación Terrorista: Un Arma de Doble Filo
Si la administración Trump procediera con la designación, las consecuencias serían de gran alcance. Legalmente, permitiría a Estados Unidos congelar los activos financieros de individuos y entidades vinculadas al PCC y al Comando Vermelho, imponer prohibiciones de viaje a sus miembros y colaboradores, y brindar a las agencias de inteligencia y aplicación de la ley herramientas expandidas para el monitoreo y la persecución. Además, abriría la puerta a una mayor cooperación militar y de inteligencia con Brasil, bajo el argumento de combatir una amenaza terrorista común.
Sin embargo, la medida no está exenta de controversia. Expertos en derecho internacional y derechos humanos han expresado su preocupación. Argumentan que la designación podría desdibujar la línea entre el crimen organizado y el terrorismo, sentando un precedente peligroso que podría ser utilizado por otros países para justificar acciones contra grupos disidentes o minorías. También existe el riesgo de que la designación militarice excesivamente la respuesta al narcotráfico, con posibles consecuencias humanitarias y un aumento de la violencia en las comunidades afectadas.
Diplomáticamente, la decisión podría generar fricciones con el actual gobierno brasileño del presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Aunque Lula también combate el crimen organizado, una designación unilateral por parte de EE.UU. podría ser percibida como una injerencia en los asuntos internos de Brasil y una afrenta a su soberanía. La administración Lula ha buscado restablecer una política exterior más equilibrada y multilateral, y una medida tan drástica de Washington podría complicar estos esfuerzos.
Un Futuro Incierto para la Seguridad Regional
La posibilidad de que EE.UU. califique al PCC y al Comando Vermelho como grupos terroristas marca un punto de inflexión. Si bien podría ofrecer nuevas herramientas para combatir la creciente amenaza del crimen organizado transnacional, también plantea serias preguntas sobre las implicaciones legales, éticas y diplomáticas. La decisión final, en este escenario futuro, dependería de un complejo cálculo político y estratégico por parte de la administración Trump, sopesando los beneficios de una postura más agresiva contra el crimen con los riesgos de desestabilizar las relaciones regionales y los principios del derecho internacional.
La comunidad internacional y, en particular, los países de América Latina, observarán de cerca cómo se desarrolla esta situación. La designación de estas megabandas brasileñas como terroristas no solo afectaría a Brasil y Estados Unidos, sino que podría sentar un precedente para la lucha contra el crimen organizado en todo el continente, con consecuencias aún impredecibles para la seguridad y la gobernabilidad en la región.
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