Ciudad de México a 27 de marzo, 2026 — Por: Silvia Nayssa Arce Avilés
La Habana, Cuba – La República de Cuba se precipita hacia una de sus peores crisis energéticas en décadas, con la previsión de un apagón masivo que dejará sin electricidad al 58% de la isla. La Unión Eléctrica de Cuba (UNE) ha emitido una alerta sombría, proyectando un déficit de generación que supera los 1,000 megawatts, una cifra que se traduce directamente en millones de cubanos sumidos en la oscuridad por largas horas.
Esta situación crítica, que ha venido gestándose desde mediados de 2024, ha alcanzado un punto de inflexión alarmante con la intensificación del «asedio petrolero» impuesto por el Gobierno de Estados Unidos desde enero de este año. Las nuevas rondas de sanciones y las restricciones a la llegada de combustible a la nación caribeña han estrangulado aún más un sistema energético ya de por sí frágil, llevando a la isla al borde del colapso.
La Tormenta Perfecta: Sanciones, Obsolescencia y Escasez
La dependencia de Cuba de los combustibles fósiles para la generación eléctrica es casi total. Sus principales plantas termoeléctricas, como la Antonio Guiteras en Matanzas o la Lidio Ramón Pérez en Felton, Holguín, funcionan con diésel y fueloil, insumos que escasean dramáticamente debido a las políticas de Washington. El «asedio petrolero» no solo dificulta la compra de crudo en el mercado internacional, sino que también penaliza a las empresas navieras y aseguradoras que se atreven a transportar combustible a la isla, creando un efecto disuasorio que ha resultado devastador.
Fuentes diplomáticas cubanas han denunciado reiteradamente que las medidas coercitivas unilaterales de EE.UU. buscan asfixiar la economía del país, afectando directamente a la población. «El impacto de estas sanciones es inhumano. No solo nos impiden acceder a divisas, sino que ahora atacan la médula de nuestra vida diaria: la electricidad», declaró un funcionario cubano bajo condición de anonimato a este medio.
La infraestructura energética cubana, en gran parte heredada de la era soviética, sufre de una crónica obsolescencia. La falta de inversión en mantenimiento y modernización ha provocado averías frecuentes y de gran magnitud en las termoeléctricas, que operan muy por debajo de su capacidad óptima. Las reparaciones se ven obstaculizadas por la escasez de piezas de repuesto, muchas de las cuales deben ser importadas y son difíciles de adquirir bajo el actual régimen de sanciones.
El resultado es una espiral descendente: menos combustible significa menos generación, lo que a su vez sobrecarga las plantas operativas, aumentando la probabilidad de nuevas fallas y ampliando los periodos de interrupción del servicio. La UNE ha informado que la demanda de electricidad supera con creces la capacidad de generación disponible, lo que obliga a implementar cortes programados que, en la práctica, a menudo se extienden mucho más allá de lo previsto.
Impacto en la Vida Cotidiana y la Economía
Para el ciudadano cubano de a pie, la crisis energética se traduce en una lucha diaria por la supervivencia. Los apagones, que en algunas provincias pueden durar entre 12 y 16 horas, paralizan la vida social y económica. Las neveras dejan de funcionar, los alimentos se echan a perder, el acceso a agua potable se interrumpe (ya que muchas bombas dependen de la electricidad), y la comunicación se vuelve intermitente al descargarse los teléfonos móviles.
Los hospitales y centros de salud, aunque prioritarios, también se ven afectados, dependiendo de generadores diésel que requieren combustible, un recurso cada vez más escaso. Las escuelas, oficinas y pequeños negocios sufren pérdidas significativas, frenando cualquier intento de recuperación económica en un país que ya enfrenta una inflación galopante y una severa escasez de productos básicos.
El turismo, una de las principales fuentes de divisas para la isla, también resiente la inestabilidad energética. Aunque los hoteles suelen contar con generadores propios, la imagen de un país en penumbra y la interrupción de servicios básicos disuaden a potenciales visitantes, agravando la crisis económica y la falta de liquidez para adquirir insumos esenciales, incluido el combustible.
La Geopolítica del Petróleo y la Resistencia Cubana
La situación de Cuba no puede entenderse sin el telón de fondo de la compleja relación con Estados Unidos. Desde el triunfo de la Revolución en 1959, la isla ha sido objeto de un embargo económico que ha evolucionado y se ha endurecido a lo largo de las décadas. La administración actual de EE.UU. ha justificado el recrudecimiento de las sanciones como una medida de presión para forzar cambios políticos en la isla, argumentando violaciones a los derechos humanos y apoyo a regímenes autoritarios.
Sin embargo, críticos de estas políticas, incluyendo organizaciones internacionales y aliados de Cuba, señalan que las sanciones afectan desproporcionadamente a la población civil y contravienen el derecho internacional. El «asedio petrolero» es visto como una forma de castigo colectivo que, lejos de lograr un cambio, profundiza el sufrimiento humano y la polarización.
Cuba ha buscado diversificar sus fuentes de energía y ha explorado opciones de energías renovables, como la solar y la eólica, pero estos proyectos requieren inversiones masivas y tiempo para materializarse, y no pueden paliar la crisis inmediata. La búsqueda de aliados internacionales para la provisión de combustible continúa, pero la amenaza de sanciones secundarias por parte de EE.UU. limita drásticamente sus opciones.
La resiliencia del pueblo cubano es puesta a prueba una vez más. Las autoridades hacen un llamado a la comprensión y a la eficiencia energética, pero la paciencia se agota ante la perspectiva de un futuro incierto y cada vez más oscuro. La crisis en Cuba es un recordatorio crudo de cómo la geopolítica y las sanciones internacionales pueden tener un impacto devastador en la vida de millones de personas, llevando a una nación al límite de su capacidad de resistencia.
Mientras la comunidad internacional observa, la isla caribeña se prepara para enfrentar más jornadas de penumbra, un símbolo de la compleja interconexión entre la política exterior, la economía global y el bienestar humano. La luz en Cuba, hoy más que nunca, pende de un hilo.













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