Ciudad de México a 19 de marzo, 2026 — Por: Alberto Sánchez Juárez

En el complejo tapiz de la dramaturgia contemporánea mexicana, pocas obras logran capturar la esencia de una tragedia nacional con la profundidad y sensibilidad que lo hace “Cristales de Hidroxiapatita”. Este monólogo, gestado por la pluma incisiva de Hugo Salcedo y magistralmente interpretado por Leticia Huijara bajo la dirección de Mauricio Jiménez, se erige no solo como una pieza teatral de alto calibre, sino como un conmovedor testimonio de la crisis de desapariciones forzadas que lacera a México. La obra, que formó parte del ciclo “Teatro en fuga” de la prestigiosa Compañía Nacional de Teatro (CNT), trasciende las tablas para sumergir al espectador en un viaje emocional y forense, donde la ciencia y el dolor se entrelazan en la incansable búsqueda de la verdad.
El título mismo de la obra, “Cristales de Hidroxiapatita”, es una declaración de intenciones. La hidroxiapatita es el principal componente mineral de los huesos y dientes, esas estructuras que, incluso después de la muerte, guardan la memoria biológica de un ser. En el contexto de la obra, estos cristales no son meros compuestos químicos; se convierten en la metáfora central de la esperanza, la evidencia y la identidad. Son los últimos vestigios de una existencia, los mudos testigos que, a través del minucioso trabajo de la antropología forense, pueden finalmente hablar y revelar el destino de quienes han sido arrancados de sus familias.
La narrativa se centra en una madre, interpretada con una desgarradora autenticidad por Leticia Huijara, cuya vida ha sido redefinida por la ausencia de su hijo desaparecido. Su monólogo no es solo una lamentación, sino una reconstrucción obsesiva, un intento desesperado por armar el rompecabezas de una vida fragmentada. La obra nos lleva a través de sus recuerdos, sus sueños y sus pesadillas, pero también a través de la fría, pero necesaria, realidad de los laboratorios forenses, donde cada fragmento óseo, cada cristal de hidroxiapatita, es examinado con la esperanza de encontrar una pista, un nombre, una identidad que permita cerrar un ciclo de dolor y abrir uno de duelo.
El impacto de “Cristales de Hidroxiapatita” resuena con particular fuerza en estados como Guerrero, una entidad que ha sido tristemente marcada por la violencia y las desapariciones forzadas. La historia que cuenta Salcedo, la búsqueda de una madre, la esperanza depositada en la ciencia para descifrar el silencio de los huesos, es una realidad palpable para miles de familias guerrerenses. Desde Acapulco hasta Chilpancingo, pasando por Iguala y Taxco, la sombra de la desaparición se cierne sobre comunidades enteras, convirtiendo cada noticia sobre hallazgos forenses en un rayo de luz y, a la vez, en una tortura de incertidumbre. La obra, por tanto, no es solo teatro; es un espejo que refleja la cruda realidad de un país y un estado que luchan por la justicia y la memoria.
La dirección de Mauricio Jiménez es fundamental para potenciar la intensidad del texto. A través de una puesta en escena que privilegia la sobriedad y la emotividad, Jiménez logra que el espectador se conecte directamente con la angustia y la resiliencia de la protagonista. La actuación de Leticia Huijara es una cátedra de contención y explosión emocional. Su capacidad para transitar entre la desesperación más profunda y la tenue llama de la esperanza es lo que ancla la obra en la verdad humana. No hay artificios; solo la verdad descarnada de una madre que se niega a olvidar, que se aferra a cada posible indicio, por mínimo que sea, para recuperar la dignidad y la identidad de su hijo.
En un contexto donde las noticias sobre conflictos geopolíticos en Oriente Medio, como los recientes ataques a yacimientos de gas o las tensiones en el Estrecho de Ormuz, dominan los titulares internacionales, obras como “Cristales de Hidroxiapatita” nos recuerdan que el drama humano se vive en múltiples frentes. Si bien la expropiación petrolera de 1938 es un pilar de soberanía que resuena en el corazón de Guerrero, la soberanía sobre la verdad y la justicia para las víctimas de la violencia es igualmente fundamental. La obra de Salcedo y Huijara, aunque enfocada en una tragedia específica, se convierte en un llamado universal a la empatía y a la acción, a no permitir que el silencio y el olvido cubran la verdad.
La Compañía Nacional de Teatro, al incluir “Cristales de Hidroxiapatita” en su repertorio, reafirma su compromiso con el arte que dialoga con la realidad social. En un momento en que el teatro se vio obligado a reinventarse y encontrar nuevas plataformas, la obra encontró una vía para llegar a un público más amplio, demostrando que la relevancia de su mensaje trasciende cualquier formato. Es un recordatorio de que el arte tiene el poder no solo de entretener, sino de educar, de conmover y de movilizar la conciencia colectiva.
En definitiva, “Cristales de Hidroxiapatita” es una obra imprescindible. Es un acto de memoria y una exigencia de justicia. Nos obliga a mirar de frente una de las heridas más profundas de México y, en particular, de regiones como Guerrero. A través de la ciencia de los huesos y el arte del teatro, se articula un grito silente que busca desenterrar la verdad, honrar a los desaparecidos y acompañar a quienes aún los buscan. La obra no ofrece respuestas fáciles, pero sí la invaluable oportunidad de reflexionar sobre la humanidad perdida y la esperanza que, a pesar de todo, persiste en cada cristal de hidroxiapatita.
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