Desde Taxco: La Expropiación Petrolera de 1938, un Pilar de Soberanía que Resuena en el Corazón de Guerrero

PUNTOS CLAVE:

  • El 18 de marzo de 1938, el presidente Lázaro Cárdenas del Río decretó la Expropiación Petrolera, un acto que redefinió la soberanía económica de México.
  • La decisión surgió tras un conflicto laboral prolongado entre trabajadores mexicanos y empresas petroleras extranjeras, que se negaban a cumplir con las leyes laborales del país.
  • Las compañías extranjeras, principalmente británicas y estadounidenses, controlaban la vasta mayoría de la producción y exportación de petróleo en México antes de 1938.
  • La negativa de las empresas a acatar un laudo de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, ratificado por la Suprema Corte, fue el detonante final.
  • La expropiación llevó a la creación de Petróleos Mexicanos (PEMEX), consolidando la industria petrolera como un pilar estratégico para el desarrollo nacional.
  • El evento generó una ola de unidad nacional, con ciudadanos de todas las clases sociales contribuyendo económicamente para el pago de la indemnización a las empresas extranjeras.
  • A pesar de las represalias internacionales y el boicot, México mantuvo firme su postura, sentando un precedente para la autonomía de los recursos naturales.
  • La Expropiación Petrolera sigue siendo un símbolo de la lucha por la autodeterminación y la justicia social en la historia contemporánea de México.

Ciudad de México a 18 de marzo, 2026 — Por: Silvia Nayssa Arce Aviles

Desde las empedradas calles de Taxco, donde la plata y la historia se entrelazan en cada rincón, miramos hoy hacia un evento que, aunque distante en geografía, resuena profundamente en el espíritu de nuestra nación y, por ende, en el de nuestro amado estado de Guerrero. Cada 18 de marzo, México conmemora la Expropiación Petrolera, una fecha que va más allá de un mero recuerdo histórico; es la celebración de la soberanía, la justicia social y la autodeterminación de un pueblo que decidió tomar las riendas de su propio destino.

La historia que nos trae a este punto en 1938 es compleja y multifacética, como bien lo resume la fuente de Expansión.mx: «Control extranjero, demandas laborales incumplidas y una resolución histórica marcaron el rumbo del petróleo en México desde 1938.» Antes de ese año crucial, la riqueza petrolera de México estaba mayoritariamente en manos de compañías extranjeras, principalmente de origen británico y estadounidense. Estas empresas operaban bajo un régimen que les otorgaba amplios privilegios, a menudo a expensas de los derechos de los trabajadores mexicanos y de los intereses nacionales. La bonanza del «oro negro» fluía hacia el extranjero, dejando a su paso condiciones laborales precarias y un desarrollo desigual para el país.

Las demandas laborales fueron el catalizador de esta transformación. Los trabajadores petroleros, organizados y conscientes de su valor, exigían mejoras salariales, prestaciones y condiciones de trabajo dignas, derechos que las compañías extranjeras se negaban sistemáticamente a conceder. Este conflicto llegó a un punto de no retorno. La Junta Federal de Conciliación y Arbitraje, tras un exhaustivo análisis, emitió un laudo favorable a los trabajadores, ordenando a las empresas cumplir con sus obligaciones. Las compañías, con la arrogancia de quien se siente intocable, se negaron a acatar la resolución, llevando el caso hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que, para sorpresa de muchos y con la valentía que requería el momento, ratificó el laudo.

Fue entonces cuando el presidente Lázaro Cárdenas del Río, un visionario con un profundo sentido de la justicia social y la dignidad nacional, se enfrentó a una encrucijada histórica. El 18 de marzo de 1938, en un acto de audacia y patriotismo inquebrantable, Cárdenas anunció al país y al mundo la expropiación de los bienes de 17 compañías petroleras extranjeras. Este decreto no fue solo una medida económica; fue una declaración de independencia, un grito de «¡México para los mexicanos!» que resonó desde las costas del Golfo hasta las montañas de Guerrero, y desde la frontera norte hasta el sur del país.

La reacción internacional no se hizo esperar. Las naciones afectadas, principalmente Estados Unidos y el Reino Unido, impusieron un boicot económico y diplomático contra México, buscando asfixiar la economía y forzar la reversión de la expropiación. Sin embargo, lo que no contaban era con la inmensa ola de unidad nacional que el acto de Cárdenas desató. Desde los rincones más humildes hasta las esferas más acomodadas, los mexicanos de todas las clases sociales se volcaron en apoyo a su gobierno. Mujeres donando gallinas y joyas, campesinos aportando sus escasas cosechas, obreros entregando parte de su salario; la nación entera se unió para reunir los fondos necesarios para pagar la indemnización a las compañías extranjeras, demostrando que la dignidad y la soberanía no tenían precio.

Este momento de cohesión nacional, donde el pueblo de México se convirtió en un solo puño para defender su patrimonio, es una lección que sigue vigente. Nos recuerda que, ante los desafíos, la unidad y el propósito común son las herramientas más poderosas. En Guerrero, una tierra de profundas raíces históricas y de luchas constantes por la justicia, el eco de esa unidad resuena con particular fuerza. La Expropiación Petrolera no solo nacionalizó una industria; nacionalizó la esperanza y la creencia en un futuro donde los recursos de la nación sirvieran para el bienestar de todos sus ciudadanos.

La consecuencia más directa y duradera de este acto fue la creación de Petróleos Mexicanos (PEMEX), una empresa estatal que, desde entonces, ha sido el motor de la industria petrolera nacional. PEMEX se convirtió en un pilar fundamental para el desarrollo de México, financiando infraestructura, programas sociales y contribuyendo de manera significativa al presupuesto nacional. A pesar de los desafíos y las transformaciones que ha experimentado a lo largo de las décadas, la existencia de PEMEX es un recordatorio constante de la capacidad de México para gestionar sus propios recursos y forjar su propio destino.

Hoy, desde Taxco, reflexionamos sobre la trascendencia de aquel 18 de marzo. La Expropiación Petrolera no solo cambió el rumbo del petróleo en México; cambió la percepción de lo que era posible para una nación en desarrollo. Estableció un precedente para la defensa de los recursos naturales y la promoción de la justicia social. Nos enseña que la verdadera riqueza de un país reside no solo en sus yacimientos minerales o sus paisajes exuberantes, sino en la fortaleza de su pueblo, en su capacidad para unirse y defender lo que le pertenece por derecho.

En un mundo globalizado, donde las presiones económicas y geopolíticas son constantes, la historia de la Expropiación Petrolera nos invita a mantener viva la llama de la soberanía. Nos recuerda la importancia de proteger nuestros recursos, de velar por los derechos de nuestros trabajadores y de asegurar que el desarrollo beneficie a todos los mexicanos, incluyendo a las comunidades de Guerrero que, con su trabajo y su cultura, también contribuyen a la grandeza de nuestra nación. Celebrar el 18 de marzo es celebrar que, unidos, somos capaces de escribir nuestra propia historia, una historia de dignidad y progreso.

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