El 2025 quedará marcado en los anales de la historia económica de México como el año en que el «súper peso» consolidó su dominio, logrando su mayor apreciación frente al dólar estadounidense en tres décadas. Este fenómeno no es casualidad, sino el resultado de una convergencia de factores macroeconómicos y geopolíticos que han posicionado a la moneda mexicana como una de las más resilientes y atractivas a nivel global.
Entre las principales fuerzas impulsoras detrás de esta impresionante ganancia se encuentra el auge del nearshoring. La relocalización de cadenas de suministro hacia México, impulsada por la cercanía con el mercado estadounidense y la eficiencia logística, ha generado una entrada sustancial de inversión extranjera directa. Estas inversiones, destinadas a la construcción de nuevas plantas manufactureras y a la expansión de operaciones existentes, demandan pesos mexicanos, lo que ejerce una presión alcista sobre la divisa.
Otro factor crucial ha sido el diferencial de tasas de interés. Mientras el Banco de México mantuvo una política monetaria restrictiva para combatir la inflación, sus tasas se mantuvieron significativamente por encima de las establecidas por la Reserva Federal de Estados Unidos. Esta brecha hizo que la inversión en instrumentos de deuda mexicanos fuera particularmente atractiva para los capitales extranjeros, buscando mayores rendimientos a través del «carry trade». A esto se suman las robustas remesas enviadas por los connacionales en el extranjero, que continúan siendo una fuente vital de entrada de dólares.
Las implicaciones de un peso fuerte son múltiples y generalmente positivas para la economía mexicana. Por un lado, abarata las importaciones, lo que ayuda a contener presiones inflacionarias y aumenta el poder adquisitivo de los consumidores. Por otro, fortalece la confianza de los inversionistas y reduce el costo de la deuda denominada en dólares. Sin embargo, para los sectores exportadores, un peso demasiado fuerte puede restar competitividad.
Mirando hacia 2026, la estabilidad del «súper peso» dependerá de la evolución de la política monetaria global, el ritmo del nearshoring y la resiliencia de la economía estadounidense. No obstante, el desempeño de 2025 es un testimonio de la fortaleza subyacente de México y de su creciente relevancia en el panorama económico mundial.















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