El Sistema Nacional de Investigadores (SNII), una institución fundamental para el fomento de la ciencia en México, se encuentra bajo un escrutinio crítico. El Dr. Antonio Lazcano Araujo, reconocido biólogo y exdirector de El Colegio Nacional, ha levantado la voz para señalar profundas contradicciones en sus exigencias actuales, alertando sobre un posible desvío de sus propósitos originales.
Creado con la noble misión de estimular la investigación y mitigar la fuga de talentos, el SNII, adscrito al Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), parece haber evolucionado hacia un modelo que, según Lazcano, dista de ser un mero incentivo. El experto critica una «visión burocrática y mercantil» que ha transformado el sistema en una herramienta de control y, paradójicamente, en un factor de desmotivación para la comunidad científica del país.
La principal contradicción radica en la primacía de la cantidad sobre la calidad. Lazcano subraya que las actuales métricas de evaluación se enfocan excesivamente en el número de publicaciones o tesis dirigidas, sin considerar la profundidad, el impacto real o el contexto disciplinar. Este enfoque resulta particularmente gravoso para áreas como las humanidades, donde los tiempos y la naturaleza de la producción académica difieren significativamente de las ciencias exactas o experimentales. Un investigador de humanidades, ejemplifica, no puede generar el mismo volumen de artículos que uno de ciencias duras, lo que conduce a una evaluación inequitativa y frustrante.
Además, el biólogo lamenta el menosprecio hacia la investigación básica, aquella que no persigue una aplicación inmediata pero es fundamental para el avance del conocimiento. La presión por resultados cuantificables y de «impacto» a corto plazo desincentiva exploraciones científicas esenciales cuya relevancia podría tardar años en manifestarse, comprometiendo así el futuro de la ciencia en el país.
Lazcano hace un llamado a retomar el espíritu fundacional del SNII: ser un reconocimiento al esfuerzo y la excelencia, no un mecanismo punitivo. Propone que la evaluación debe ser más holística, considerando la trayectoria del investigador, la calidad intrínseca de su trabajo y su contribución al pensamiento, más allá de simples conteos. Ignorar estas contradicciones no solo genera frustración y desmotivación en la comunidad científica, sino que también amenaza con comprometer la calidad y dirección de la investigación nacional, con el riesgo de una «fuga de cerebros» inversa o la devaluación de la carrera académica en México.















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