Adiós al Último Gigante: Muere Melchor Peredo, el Muralista a quien el SAT Exigía Pagar con Arte

Ciudad de México a 9 de abril, 2026 — Por: Silvia Nayssa Arce Aviles

XALAPA, VERACRUZ – El arte mexicano está de luto. Melchor Peredo y García, el venerable muralista cuya pincelada forjó pasajes de la historia y la cultura nacional en muros y lienzos, ha fallecido a la edad de 99 años. La noticia de su deceso, ocurrida el 8 de abril de 2026 en Xalapa, Veracruz, su hogar y el lienzo más grande de su prolífica carrera, marca el fin de una era. Peredo era un puente viviente con la época dorada del muralismo, y su partida deja un vacío irremplazable en el panorama artístico de México.

Considerado por críticos y colegas como el último representante de la estirpe de los grandes muralistas mexicanos, Melchor Peredo no solo fue un testigo centenario de la evolución del país, sino un activo participante en la construcción de su identidad visual. Su obra, profundamente arraigada en la narrativa histórica y social, adorna numerosos espacios públicos, especialmente en la capital veracruzana, donde dejó una huella imborrable.

Sin embargo, la figura de Peredo trascendió los círculos artísticos para capturar la atención nacional e internacional de manera insólita en los últimos años. La razón: una peculiar y controvertida exigencia por parte del Servicio de Administración Tributaria (SAT). La autoridad fiscal mexicana le había solicitado al maestro, a sus casi cien años, saldar sus obligaciones fiscales a través de la creación de un nuevo mural. Un episodio que, más allá de la anécdota, abrió un debate profundo sobre la valoración del arte, el patrimonio cultural y la burocracia en el México contemporáneo.

El SAT y el Mural: Un Debate entre Arte y Burocracia

La noticia de la demanda del SAT a Melchor Peredo se difundió como pólvora, generando indignación y asombro a partes iguales. ¿Cómo era posible que una institución del Estado, encargada de la recaudación fiscal, exigiera a un artista de su talla y edad una obra de arte como forma de pago? La situación puso en relieve la compleja relación entre el Estado y sus creadores, así como la percepción del valor intrínseco del arte frente a su monetización. Para muchos, la propuesta del SAT fue una muestra de desconocimiento o, peor aún, de desprecio por el legado cultural que Peredo representaba.

La polémica no solo atrajo la atención de la comunidad artística, sino también de la opinión pública, que se dividió entre quienes veían en la solicitud una oportunidad para que el Estado adquiriera una pieza invaluable, y quienes la consideraban una afrenta a la dignidad del artista y a la concepción misma del arte como expresión libre y no como moneda de cambio forzada. El caso Peredo se convirtió en un símbolo de la tensión entre la lógica administrativa y el espíritu creativo, un recordatorio de que la cultura, aunque intangible, tiene un valor incalculable que a menudo escapa a las métricas fiscales.

Si bien los detalles sobre la resolución final de esta exigencia no fueron ampliamente publicitados antes de su fallecimiento, el incidente dejó una marca indeleble en la percepción pública de Melchor Peredo, elevándolo de maestro respetado a figura de resistencia cultural. Su respuesta, o la de sus representantes, a esta singular petición, se convirtió en parte de su leyenda, un epílogo inesperado a una vida dedicada al arte.

Un Legado Pintado en Muros: La Trayectoria de Melchor Peredo

Nacido en 1926, Melchor Peredo fue testigo de un siglo de transformaciones en México. Se formó en un contexto donde el muralismo no era solo una corriente artística, sino un movimiento social y político, una herramienta para educar a las masas y forjar una identidad nacional post-revolucionaria. Aunque no fue parte de la «gran triada» (Rivera, Orozco, Siqueiros), Peredo bebió directamente de esa fuente, adaptando sus principios a su propia visión y estilo.

Su obra se caracteriza por una profunda sensibilidad social, un dominio técnico impresionante y una paleta de colores vibrante que infunde vida a sus composiciones. Los murales de Peredo son ventanas a la historia, a las tradiciones, a las luchas y a la esperanza del pueblo mexicano. En Xalapa, su obra más emblemática se encuentra en recintos como la Universidad Veracruzana, el Palacio de Gobierno y otros edificios públicos, donde sus frescos narran desde la historia prehispánica hasta los movimientos sociales contemporáneos, siempre con un enfoque humanista y crítico.

Peredo no solo pintó; también enseñó, inspiró y defendió el papel del arte en la sociedad. Fue un incansable promotor de la cultura y un mentor para nuevas generaciones de artistas. Su longevidad le permitió ver cómo el muralismo, lejos de ser una reliquia del pasado, seguía resonando y evolucionando, aunque con nuevos lenguajes y soportes. Él mismo fue un ejemplo de esta adaptabilidad, manteniendo su relevancia y su voz artística hasta sus últimos días.

El Fin de una Era y la Perpetuidad del Arte

La muerte de Melchor Peredo no solo significa la pérdida de un artista, sino el cierre de un capítulo fundamental en la historia del arte mexicano. Con él se va una de las últimas voces directas de un movimiento que definió la imagen de México en el siglo XX. Su existencia fue un recordatorio constante de la vitalidad y la fuerza del muralismo, y su partida nos obliga a reflexionar sobre la preservación de este patrimonio y el reconocimiento de quienes lo forjaron.

El legado de Peredo, sin embargo, está lejos de desvanecerse. Sus murales seguirán hablando, educando e inspirando a quienes los contemplen. Sus colores y formas persistirán, recordándonos la riqueza de nuestra historia y la capacidad del arte para trascender el tiempo y las adversidades, incluso aquellas impuestas por la burocracia. En un país que a menudo lucha por valorar a sus artistas en vida, el caso de Melchor Peredo y la exigencia del SAT permanecerán como un eco, una anécdota agridulce que subraya la importancia de honrar a nuestros creadores mientras aún están entre nosotros.

Hoy, Xalapa y todo México despiden a un gigante, un maestro cuya vida fue un lienzo y cuya obra es un testamento de la inextinguible pasión por el arte y la identidad nacional. Descanse en paz, Melchor Peredo, el último muralista, cuya memoria será tan perdurable como los muros que pintó.

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